Accesibilidad audiovisual: una apuesta de futuro.

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Las personas con discapacidad auditiva tienen el derecho a que la comunicación audiovisual televisiva, en abierto y cobertura estatal o autonómica, subtitule el 75 % de los programas y cuente al menos con dos horas a la semana de interpretación con lengua de signos (Artículo 8.2 de la Ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual).

El fin último de cualquier profesional que trabaje en el ámbito de la discapacidad es la total inclusión de aquellas personas que presentan alguna discapacidad física, mental, intelectual o sensorial, consiguiendo su accesibilidad a una realidad social poco adaptada a sus circunstancias. Resulta cuanto menos curioso leer una ley que versa sobre la “comunicación” y que a su vez restringe a dos horas semanales la información transmitida en la lengua natural de un colectivo como es la comunidad sorda.

Es por circunstancias como estas por las que todas aquellas personas que trabajan para y por la inclusión real, y no de papel, siguen luchando.

Por otra parte, cuando se habla de accesibilidad audiovisual tendemos a pensar en la pantalla de la tele, en el cuadradito con la figura del intérprete, en los subtítulos o en las audiodescripciones, pero olvidamos el mayor representante de este ámbito: el cine (y la radio, pero hablando de accesibilidad para personas sordas la dejaremos hoy a un lado).

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Desde los comienzos de este noble arte, el silencio y lo audiovisual eran la única clave para llegar a la persona espectadora. El cine comenzó siendo mudo y, aun así, toda aquella persona sorda u oyente que viese una película de estas características comprendía lo que se quería transmitir con dicho film. En una película muda (solamente había música en los diálogos), todo el peso recae en lo visual y es ahí donde hacen hincapié las personas que dirigen, que actúan, que maquillan, que crean decorados… Utilizan todos los recursos a su alcance para comunicar al espectador historias, sensaciones… y lo hacen componiendo imágenes llenas de información. Esta circunstancia (no tener los medios para reproducir el sonido sincronizado en los diálogos) no supuso un problema para trasladar la información auditiva al espacio, a los gestos y a la expresión corporal.

En la actualidad, el sonido es una parte fundamental en el cine (o no). Este ámbito, desde su comienzo, ha sido una sucesión de experimentos para hacerlo cada vez más atractivo y cautivar al público; se experimenta con el sonido, con las imágenes, con las historias, con los idiomas (lenguas muertas, lenguas inventadas, lenguas poco conocidas,). Y es aquí donde la comunidad sorda entra en plano. Desde hace unos años, en el sector audiovisual, y cada vez más, se incluyen escenas en las que aparecen personas sordas signando canciones en videoclips de cantantes, comunicando a cámara algún mensaje en anuncios de televisión, programas de talentos en los que se presentan personas que cantan, personas que bailan o acróbatas sordas, películas en las que las protagonistas son una familia completa de personas sordas y su hija es cantante, películas de ciencia ficción donde una mujer muda se comunica en lengua de signos con otra especie… Poco a poco, tanto la comunidad sorda como la lengua de signos por sí misma se van adentrando en el mundo audiovisual, delante y detrás de las cámaras.

Un ejemplo, sin tanta distracción hollywoodiense, lo tenemos en Alemania, en Inglaterra o en Estados Unidos, donde se realizan anualmente festivales muy potentes y reconocidos de cine sordo, ¡exclusivamente de cine sordo!

En España, desde hace años también vienen haciéndose algunos festivales de cortometrajes en lengua de signos: en Madrid, Barcelona, Granada, Valencia, Pontevedra y Canarias. Este último ha realizado dos ediciones. Algunos llevan otras muchas ediciones a sus espaldas y otros no han corrido la misma suerte o intentan salir adelante mediante crowdfunding.

Acercándonos un poco más a nuestro círculo, en la isla de Gran Canaria también se está incluyendo, en algunos cortometrajes de profesionales en MRZ_9739dirección concienciadas con la comunidad sorda, subtitulados para personas con discapacidad auditiva y la figura del intérprete de lengua de signos en las presentaciones de los cortometrajes que han sido adaptados. También, en la misma isla, hace unos meses se hizo un cortometraje de humor íntegramente en lengua de signos con una actriz sorda y una actriz oyente signante, subtitulado al castellano y al inglés.

Con este tipo de cine y con estos festivales se consigue dar visibilidad a una comunidad y a una cultura con una identidad propia que, a día de hoy y teniendo sus derechos lingüísticos y su identidad cultural reconocidos, siguen encontrándose barreras en el acceso a la comunicación y a la cultura.

No se antoja tan difícil ni tan cara ni tan engorrosa la adaptación de cualquier circunstancia a las personas que lo necesitan. Queda mucho trabajo por hacer y mucha concienciación. Es necesario seguir trabajando desde todos los sectores para que la discapacidad deje de ser tan visible y pase a estar totalmente incluida en el día a día de una sociedad que lleva una velocidad fulminante la mayor parte del tiempo.