Intervención familiar, fomentando la autonomía

Autonomía

El desenvolvimiento que los hijos e hijas tendrán en el futuro es una cuestión que preocupa a padres y madres. Por ello, es fundamental fomentar el desarrollo de la autonomía de los hijos e hijas acorde a sus capacidades, de tal forma que puedan desarrollar la vida de manera normalizada.

No podemos olvidar, que la familia es el primer agente de socialización y el contexto en el que se desarrolla gran parte de la vida de la mayoría de las personas. A lo largo del tiempo, la familia va cambiando y adaptándose a las numerosas situaciones de manera que va conservando su propio equilibrio. Cuando cuenta con un miembro con discapacidad, es fundamental que la familia sea un entorno que potencie las capacidades de la persona y que la apoye en el proceso de integración social.

Desde que el niño o niña nace, se produce un proceso progresivo de búsqueda de autonomía. Cuando crecen, padre y madre le ayudan en esa búsqueda, en ocasiones sin ser muy conscientes de ello, ayudándoles a ampliar su capacidad de actuación y a valerse por sí mismos. Paulatinamente, deben dejar de ser imprescindibles para los hijos e hijas, animándoles a que tomen sus propias decisiones y permitiendo que se equivoquen para que aprendan de sus propios errores. Es fundamental enseñarles a responsabilizarse de sus actuaciones y de sus decisiones.

A veces, llevados por el afecto y el instinto de proteger a los hijos e hijas, sintiéndose completamente responsables de su desarrollo, se les intenta evitar los riesgos y dificultades de la vida, y, por tanto, los sobreprotegen, impidiendo el correcto desarrollo de la autonomía de la persona con discapacidad. La sobreprotección hace que la persona tenga una inadecuada percepción de la realidad, inhibiendo la responsabilidad, independencia y autonomía, anulando la iniciativa personal y creando una falta de interés por los asuntos propios, fomentando la dependencia y la vulnerabilidad de la persona.

Por tanto, hay que cambiar el enfoque como padres y madres por otro que permita a los hijos e hijas el desarrollo de la responsabilidad y la autonomía, fomentando la independencia, el esfuerzo y la iniciativa personal para desarrollar sus capacidades. De esta manera, se potenciará la búsqueda de alternativas para la solución de los problemas y se enriquece la confianza en sí mismo a través del respeto y reconocimiento.

Claves para fomentar la autonomía:

    • Reflexionar como madre o padre sobre nuestras propias ideas acerca de la autonomía, la disCapacidad, la protección y nuestro papel como padres.
    • Contrastar la información con los y las profesionales que conocen a nuestro hijo o hija y que pueden dar información sobre sus capacidades reales, formación o estrategias de intervención.
    • Compartir experiencias e ideas con otras familias que hacen ver nuevas maneras de actuación ante las cosas y ofrece nuevas alternativas.
    • Disminuir la exigencia a la perfección: A veces no les dejamos hacer las cosas porque pretendemos que las hagan perfectamente.
    • Proponernos pequeños logros.
    • Ajustar las expectativas a las capacidades reales del hijo o hija.
    • Tomar decisiones pensando también en futuro.
    • Aprovechar oportunidades de aprendizaje.
    • Distribuir responsabilidades en la familia.
    • Enseñarle habilidades: Explicarle, premiarle, alabarle y corregirle.
    • Firmeza y coherencia en las estrategias educativas.

 

 

 

Es importante, trabajar la autonomía desde temprana edad e ir dando responsabilidades acordes a sus capacidades (tareas domésticas, aseo, tareas escolares, vida social…) esto hará que aprendan a desenvolverse. Asimismo, es fundamental reconocer su esfuerzo y felicitarles por sus logros, no quitar mérito a estos por pequeños que sean. De esta manera, que cada vez estén más motivados para intentar nuevos retos.