LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE UNA LECTORA SORDA Y SIGNANTE

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Llegar a considerarse una persona “aficionada a la lectura”, “a la que no le gusta leer”, “fan de novelas de fantasía y ciencia-ficción” o cualquiera de las múltiples maneras con las que podríamos describir nuestra  relación con la lectura y la escritura es un proceso complejo que implica múltiples componentes cognitivos, psicolingüísticos, sociales y culturales (Aliagas, 2008; Alvermann, 2001).

Cuando centramos la mirada en la infancia y la adolescencia, periodos en los que habitualmente se considera que estas maneras de relacionarse con la lectura y la cultura escrita se desarrollan y consolidan, la aproximación tradicional ha sido considerar el aprendizaje de la lecto-escritura y la adquisición del “hábito lector” un proceso evolutivo relativamente pautado, que pasa por diferentes momentos y etapas que deben superarse. Igualmente, desde esta perspectiva evolutiva, la lectura se tiende a conceptualizar como un fenómeno/proceso sobre el cual, sin duda, deben contemplarse múltiples componentes pero estos preferentemente se entienden como formando sucesivas “sedimentaciones” competenciales. Así, sobre la capacidad de decodificación se asienta la comprensión lectora, sobre la comprensión lectora se asienta la posibilidad de aprender a través de la lectura, sobre ésta el modo en que la lectura permite relacionarse con el mundo, sobre la relación con el mundo, la identidad lectora que se construye, etc. (e.g. Alexander and Fox, 2004)

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