La percepción visual y auditiva en la cognición humana

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Gracias a nuestros sentidos generamos unos parámetros situacionales en unas coordenadas en el espacio y tiempo, del propio cuerpo ‘propiocepción’, y de éste en relación al entorno, ‘espaciocepción’. El ser humano cuenta con dos sentidos de percepción a distancia: la visión y la audición. Estos actúan recíprocamente y pueden realizar exploraciones similares asumiendo funciones paralelas que, aunque diferenciadas, se relacionan y retroalimentan entre sí y con el resto de sentidos en una percepción inter sensorial.

(…) el hombre, con sus sentidos, es como una ventana que se asoma al mundo (…)

Calvo (en Hernández y Veyrat editores, 2000: 41)

Sin embargo, las características físicas de la señal sonora y visual implican notables diferencias. La señal sonora está determinada por ser pluridireccional (en forma de ondas), fugaz e impredecible. Esto supone la convergencia en un mismo canal de diferentes señales en una amalgama que no siempre permite identificar las características independientes de cada una de ellas. La señal sonora tiene una duración determinada; y resulta impredecible a menos que otro sentido permita su anticipación (sólo cuando sentimos la corriente de aire generada en un espacio podemos anticipar por experiencia el estruendo de una puerta al cerrarse violentamente).

En contraposición, dada la selección espacial del campo de proyección sensorial, la señal óptica aporta mayor estabilidad. La visión exige la direccionalidad intencionada y, por tanto, la posibilidad de su interrupción voluntaria inmediata. Además, los estímulos visuales presentan superior nitidez en la identificación formal de sus características. A pesar de que varias señales coincidan en un mismo canal y espacio sensorial, la materia física impide su superposición, y cuando así ocurre la señal menor resulta desplazada y desaparece como señal susceptible de estimular la visión. Frente a la temporalidad la señal sonora, la mayor iteración en el tiempo de la señal visual es fácilmente comprensible si observamos el continuo de un audiograma y fotograma. La señal sonora apenas se ha hecho presente y la reconocemos ha desaparecido sin posibilidad de anticipación, mientras que los también continuos cambios visuales exigen una continuidad que permite la predicción de cambio. Pensemos en una autovía en hora punta, aún los constantes cambios, la estabilidad posicional de la señal visual de cada elemento se determina por su posición anterior. No sólo eso, si no que dado su recorrido espacio-temporal podemos predecir cuál será su siguiente posición.

Junto a estas diferencias de la materia física, otras del canal de percepción cobran sustancial relevancia. La audición supone inevitabilidad y disponibilidad constante – incluso en estados de semiinconsciencia como es el sueño –; a su vez, la audición implica inmediatez; y, aún con menor precisión, permite mayor profundidad alcanzando planos más lejanos. Estas características conllevan un papel preponderante de la audición en la función de alerta, situándolo en el centro de sistema exploratorio. Cualquier cambio en el entorno con correlato sonoro induce a la alerta e investigación en busca de significación o peligro eventual. Con frecuencia, el estímulo en el canal auditivo permite la localización de la fuente sonora en base a diferencias de tiempo e intensidad posibilitando la exploración de planos de profundidad distales en el espacio, así como procedencia en función de su direccionalidad. Por último, por ser el oído sensible a estimulaciones y cambios más breves y rápidos, la audición es el sentido que por excelencia nos remite a la noción de tiempo y ritmo en cuanto que intensidad y duración.

En nuestro complejo engranaje sensorial, dada la carencia o merma de uno los sentidos, otros contribuyen en la asunción de sus funciones. La falta de audición y su desplazamiento del centro de nuestro sistema perceptivo implica la ocupación de este núcleo por parte de la visión, asumiendo mayor complejidad axial. La visión se hace responsable entonces de atender y especializarse tanto en primeros planos como al trasfondo. Supone a su vez una reestructuración organizativa para llevar a cabo acciones que implican atención dividida. Y suple la función de alerta con la obligatoria exploración visual periódica del entorno, de un modo más amplio y detallado.

Además de la visión y audición, otro sentido extenso en nuestro cuerpo es fundamental: el tacto. En el caso de las personas sordas este sentido de contacto cobra especial relevancia adquiriendo un papel más significativo. Al fin y al cabo, el sonido es físicamente una variación de presión que provoca ondas de vibración que se propagan en todas direcciones por un medio material, de modo que cuando estas vibraciones resultan perceptibles por nuestro cuerpo también proporcionan información valiosa. Este es el motivo por el que las personas sordas prefieren pavimentos de madera que permiten con mayor facilidad la transmisión de las vibraciones y por tanto la percepción de cambios a distancia.

La percepción táctil también proporciona información relevante de las ondas sonoras en su relación con conceptos asociados al tiempo. Intensidad, frecuencia, duración e secuencia son conceptos aprehensibles por nuestro sistema corporal por contacto. En este sentido, la percepción visual del movimiento también es un reflejo de estas nociones y otras similares. Tempo, ritmo, secuencia, armonía y repetición son características de la señal sonora pero que cuando se transforman en movimiento visual también proporciona estímulos que permiten acceder y desarrollar la conciencia y cognición de tales nociones. Este hecho es igualmente explotado por quienes tienen pleno uso de su capacidad auditiva en ese entramado de percepción intersensorial, reforzando las características de la señal sonora con su correlato de desplazamiento espacial. Es lo que ocurre cuando los movimientos de la batuta de un director de orquesta, además de marcar turnos de intervención, sirven para marcar tiempos. Otro ejemplo musical es el uso de un metrónomo que aporta un refuerzo auditivo y visual ayudando al músico a tener mayor control sobre las características temporales de una nota o conjunto de notas. Recorriendo la misma dirección relacional en sentido inverso, nos servimos de una señal sonora para acompasar la ejecución temporal de movimientos. Pensemos en el uso de ritmos en la práctica deportiva.

percepción

Todo ello no debe llevarnos a pensar en la sordera como causa de una percepción mutilada y deficitaria, empobrecida en definitiva. Aquellas personas nacidas sordas, o que han adquirido la sordera a una temprana edad, viven su sordera como un hecho natural, y no como una carencia. Experimentan el mundo desde la falta de audición, construyendo su percepción y estructurando la realidad de un modo eminentemente visual. Su construcción perceptiva es simplemente diferente.

Con la palabra sorda estamos etiquetados… No dispongo de otra alternativa mejor que nos describa. Lo más cercano a lo que puedo llegar es a “persona visual”. Utilizando esa terminología me pongo en la posición de aquellas cosas que puedo hacer, en vez de las que no puedo hacer. Con lo cual traslado el foco de atención de mis incapacidades a mis capacidades.

(Benjaming Bahan; en Wilcox Sherman y Wilcox Phyllis, 1991:18)

En términos del modelo propuesto por el sociólogo Hofstede (1999) en el análisis de comunidades en contacto, la mayoría oyente ha sido el grupo ‘anfitrión’ enquistado durante siglos en la proyección negativa y etnocentrista sobre las personas sordas. Este etnocentrismo ha supuesto que el grupo mayoritario se haya erigido como tutor de aquellos que siendo diferentes – ‘oyentes deficitarios’ (Rey 2008: 2) – han sido definidos desde el binomio privación y compensación dada la carencia de la audición y la necesidad de rehabilitación respectivamente. Hofstede defiende que el paso del etnocentrismo al policentrismo – la aceptación sin conflicto de que no es posible aplicar los criterios propios para definir concepciones del grupo extranjero – parte de la incursión frecuente entre ambas comunidades, es decir, el conocimiento interno e intrínseco de los otros.

Las presunciones de las personas sordas en torno al sonido y cómo los oyentes lo perciben pueden resultar imprecisas, pero no más imprecisas que las presunciones de aquellos (oyentes) que tratan de dilucidar qué supone no oír.

Padden y Humphries (1988: 93)

Más allá de relegar equivocadamente la visión a un segundo e inmerecido lugar, asumimos la sonoridad como una característica del mundo de la necesidad natural, ajena a la creación humana. La mayoría de los hechos sonoros se corresponden con construcciones socio-culturales del ser humano y, como tales, difieren entre las distintas comunidades y requieren de su aprendizaje aun cuando procedan del mundo de la física natural.

Particularmente revelador en este sentido, son los testimonios y experiencias recogidas por Carol Padden y Tom Humphries en Deaf in America. Voices from a Culture, donde en el capítulo primero hacen un recorrido por la interpretación menos contaminada que niños y niñas con sordera, y oyentes hacen de estímulos visuales y auditivos en función del sistema de referencia cultural del que toma las valores que les permiten dotar de significación y relevación las señales sonoras y visuales. Resaltaremos dos. Por un lado, la experiencia de Jim (ibídem, pág. 20), un niño sordo de una familia de miembros oyentes, quien tuvo que discernir por sí mismo en un tardío momento de relevación que había cambios en el entorno con un correlato sonoro (al menos inicial) pero no visual, como es la señal auditiva del timbre que anuncia que alguien ha llegado y está esperando en la puerta. Jim narra cómo presuponía ciertos conocimientos mágicos en su madre cuando la veía dirigirse intencionadamente hacia la puerta, abrirla y encontrar alguien al otro lado; mientras que cuando él lo intentaba nunca hallaba a nadie.

Uno de los testimonios más llamativos para comprender que el conocimiento del sonido bajo pautas que permiten su interpretación significativa emana principalmente del aprendizaje como respuesta a un hecho cultural convencionalizado, es la experiencia de Joe (Padden y Humphries, 1988: 22). Joe es el único niño oyente de una familia de miembros sordos que vive alejada y aislada en una granja en lo profundo del estado de Indiana. Inserto en un mundo de primacía visual, hasta el descubrimiento de la dimensión auditiva a la edad de seis años, para Joe el sonido era un valor accidental sin significación pues por imitación había aprehendido de las inexistentes respuestas que el resto de miembros de su familia daba a estímulos sonoros.

Es importante recordar que la percepción del sonido no supone una significación directa y automática, sino que está significación se forma gracias al aprendizaje que culturalmente se construye. Tan relevante es la percepción auditiva como el conocimiento para su correcta interpretación.

Padden y Humphries (1988: 93)

Si decimos que en el mundo natural acontecen mayor número de entes y hechos con una forma perceptivamente visual antes que auditiva, es necesario señalar una diferencia más entre la audición y la visión: la preponderancia de la visión en la cognición humana. Sólo ver lleva en camino directo al entendimiento. La metáfora de la visión como entendimiento es amplia en la lengua de signos española y otras lenguas de signos estudiadas.

Sin título3                                           Signo 1                                                         Signo 3                         AHORA-ENTIENDO (veo)                                                         ESCUCHAR                                                      NO-ENTENDER (escapar a los ojos)

Figura 1: ‘Signos de la LSE que relacionan visión y comprensión’

Esta relación conceptual también está muy presente en lenguas orales, como el español, con estructuras que remiten a esta relación entre visión y entendimiento. Así, cuando hay cuestiones que escapan a nuestro discernimiento o acuerdo lo expresamos con un ‘no lo veo’, y cuando queremos hacer que alguien entre en razón le imperamos con un ‘¿no lo ves?’. En esta misma línea de pensamiento, siguiendo algunas de las conclusiones de Stokoe (2001), resulta un hecho natural que ante un elemento que se encuentra presente las personas sordas siempre prefieren presentar con el señalamiento que describir verbalmente; y, aunque habituados a llenar el silencio con palabras, lo mismo ocurre en la comunicación presencial entre personas oyentes, haciendo uso y abuso de deícticos. La deixis es también un complejo sistema lingüístico co-referencial cuyo origen es la concurrencia de dos señales con elementos que sirven de señalamiento a nivel espacial, temporal y discursivo; y su potencialidad derivada la evocación y activación de un elemento no presente. Esta circunstancia, junto a otras justificaciones, son las que han llevado a reconocidos lingüistas (Stokoe 2001; Herrero 2010) a considerar científicamente el origen gestual del lenguaje humano, siendo posterior el salto a la oralidad.

Bibliografía:

  • Bonfil, G. (1985). Descolonización y cultura propia. Obras Escogidas. Editora INI‐ INAH, México.
  • Fridman, Boris (1998) “Reflexiones sobre las etnias sordas”. En línea en http://www.cultura-eu/resources/Fridman_Boris_Reflexiones_sobre_etnias_sordas_1998.pdf [21-01-15]
  • Hernández Sacristan, Carlos y Veyrat Rigat Montserrat editores (2000) Lenguaje, cuerpo y cultura. Edicions Culturals Valencianes, S.A.
  • Herrero Blanco, Ángel. (2010). “La lengua oral es posterior a la de signos y surge como un medio de protección”. El Levante edición digital 11/04/2010 https://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2010/04/11/lengua-oral-posterior-signos-surge-medio-proteccion/695229.html [En línea 03/09/2018]
  • Hofstede, Geert (1999) Culturas y organizaciones: el software mental, la cooperación internacional y su importancia para la sobrevivencia. Madrid, Alianza.
  • Minguet Soto, A. (coord.) (2000) Rasgos sociológicos y culturales de las Personas Sordas. Valencia, Federación de Personas Sordas de la Comunidad Valenciana.
  • Padden, Caroy & Humphries, Tom (1988) Deaf in America. Voices from a culture. Cambridge – London, Harvard University Press.
  • Rey, María Inés (2008) “El cuerpo en la construcción de la identidad de los sordos”. En línea en http://www.cultura-eu/resources/Rey_CUERPO_CONSTRUCCION_IDENTIDAD-SORDA-2008.pdf [01-03-15]
  • Stokoe William (2001) Language in Hand: Why Sign Came Before Speech Washington DC, Gallaudet College Press
  • Wilcox, Sherman y Wilcox Phyllis ed. (1991) Leraning to see. New Jersey: Prentice Hall Regents.