Sobreprotección familiar en el ámbito de la diversidad funcional

sobreprotección

Por sobreprotección entendemos el exceso de cuidado y/o protección de los hijos e hijas por parte de los padres y madres, y este exceso de cuidado, obedece al miedo de estas personas a que crezcan y empiecen a ser independientes.

Si esto lo extrapolamos a las personas con diversidad funcional nos damos cuenta que esta sobreprotección llega a ser excesiva, en algunos casos, anulando en otros muchos, casi por completo a las personas.

Cuando hay una sobreprotección en una persona con diversidad funcional, nos damos cuenta de que ésta presenta cambios en su comportamiento que pueden generar dificultades a la hora de lograr una vida más autónoma, como por ejemplo:

  • Aislamiento
  • Siente miedo al separarse de sus familiares.
  • Inseguridad tanto en lo que hace como en su relación con las demás personas.
  • Busca la protección constante de quienes lo rodean.
  • Nervios y sensación de estar solo o sola.
  • Timidez.
  • Problemas en el desarrollo del lenguaje tanto escrito como oral.
  • Normalmente no asume la responsabilidad de sus actos ya que se siente respaldado por sus familiares.

Es importante que los familiares, frente a una persona con diversidad funcional, hayan aceptado esta realidad y no intenten compararla con otras personas, en cuanto a evolución y desarrollo, porque cada persona es única. Pero algunos familiares se sienten culpables y asumen una actitud sobreprotectora, desviviéndose para atenderles sin darse cuenta de que esta actitud no siempre es necesaria. Generalmente, esa necesidad de la familia de ayudar a la persona en todo, provoca un retraso en su desarrollo y aprendizaje de la vida diaria.

Se le debe permitir siempre a la persona que explore su entorno con supervisión. Lo mejor es que los familiares les guíen en esa exploración para que pueda aprender con seguridad y se creen unos lazos más fuertes. Los familiares no deben centrarse en lo que no son capaces de hacer, sino sensibilizarse reconociendo y potenciando las capacidades de sus hijos e hijas para así conseguir una mejor calidad de vida. Deben adaptarse a dicha situación para apoyarles y facilitarles los medios para que puedan, dentro de sus posibilidades, llegar a desenvolverse lo más autónomamente posible.

De este modo les darán más confianza, se les permitirá interactuar con todo lo que les rodea y sobre todo, lo más importante, se darán cuenta de que sus hijos e hijas son CAPACES.

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